BASTA DE VIOLENCIA A LAS DISIDENCIAS EN POLITICA

“Somos traidoras del patriarcado y muchas veces pagamos esto con nuestras vidas.” (…)

L. Berkins.

La noticia del crimen de odio hacia la activista trans de Paraná, Entre Rios Lucia La Loba el 18 de julio pasado, se suma a los crecientes travesticidios y transfemicidios – invisibilizados mediática y policialmente- ocurridos en nuestro país. Según las estadísticas del Observatorio Nacional de Crímenes de Odio hacia Lesbianas, Gays, Bisexuales y Trans en su informe anual 2018 sobre crímenes de odio hacia la disidencia sexual  contabiliza 59 muertes de personas trans, una muerte cada 96 horas.

El transfemicidio de Lucía se suma al de Diana Sacayan en el año 2015 (reconocida dirigentx e impulsora de la ley de cupo laboral trans, entre otras cosas)  siendo  preciso leerlos,  como parte del dispositivo patriarcal de disciplinamiento hacia las mujeres y disidencias que hacen política, bajo el tipo de violencia física, que si bien en nuestro país (a diferencia de México o Brasil por ejemplo) no es extrema en caso de las mujeres militantes de organizaciones políticas, si parece ser un elemento a tener en cuenta y analizar respecto a personas trans, travestis, transexuales, no bianaries: las disidencias respecto al sistema político binario y heterosexista. La noticia del crimen de odio hacia la activista trans de Paraná, Entre Rios Lucia La Loba el 18 de julio pasado, se suma a los crecientes travesticidios y transfemicidios – invisibilizados mediática y policialmente- ocurridos en nuestro país. Según las estadísticas del Observatorio Nacional de Crímenes de Odio hacia Lesbianas, Gays, Bisexuales y Trans en su informe anual 2018 sobre crímenes de odio hacia la disidencia sexual  contabiliza 59 muertes de personas trans, una muerte cada 96 horas.

La misma existencia de estas identidades no parece ser demasiado “tolerada”, a pesar de las leyes del matrimonio igualitario e identidad de género, del reconocimiento político y visibilidad adquirida en estas últimas décadas, de ser parte en algunos casos, de la articulación con los distintos niveles del estado, de algunas experiencias cooperativas y autogestivas, siempre parecemos volver a fojas cero en materia de inclusión, respecto a las condiciones materiales y simbólicas en las cuales se desarrolla el colectivo. Cuando la esperanza de vida de una persona trans sigue siendo de 35 años y la prostitución sigue siendo  casi su único destino (no su elección);  la desigualdad extrema posibilita también su extrema vulnerabilidad política. En ese sentido, no podemos dejar de preguntarnos cuál hubiera sido la repercusión social, política, mediática, de haber sido un crimen perpetrado sobre un cuerpo hegemónico en términos de género  y reconocer tomando las palabras de  Lohana Berkins que  en un mundo de gusanos capitalistas, hay que tener coraje para ser mariposa… Se va a caer! (porque lo vamos a tirar).

No son las REGLAS, es VIOLENCIA

Basta de Violencia MACHISTA en la POLÍTICA